
Educación
Un centro educativo responde de su alumnado dentro y fuera del aula, y el mercado asegurador suscribe ese riesgo a partir de una sola pregunta: cómo se organiza la supervisión. Nuestros especialistas en educación conocen qué documentación valora cada aseguradora, qué actividades quedan dentro del perímetro asegurado y qué capitales marca el convenio, y traducen la organización real de vuestro centro en un programa que la acompaña.
Lo que nos preguntan en educación
¿Cubre nuestra póliza las excursiones y los viajes de fin de curso?
El artículo 1903 del Código Civil sitúa dentro de la responsabilidad del titular las actividades escolares, extraescolares y complementarias, siempre que el alumnado se halle bajo el control o la vigilancia del profesorado, de modo que el centro responde igual fuera del recinto. La póliza llega hasta donde alcanzan la actividad asegurada y el ámbito territorial pactados, y las dos han de nombrar las salidas, el intercambio y el transporte contratado a un tercero. En el autocar opera además el seguro obligatorio de viajeros, que indemniza al alumnado accidentado con independencia de quién resulte responsable y sin sustituir a la responsabilidad civil del centro ni a la del transportista.
¿Qué cubre el Seguro Escolar y qué nos queda por contratar?
El Seguro Escolar de la Seguridad Social ampara al estudiante menor de veintiocho años a partir de tercero de ESO, con prestaciones tasadas por accidente escolar, enfermedad e infortunio familiar. Las etapas de infantil, primaria y los dos primeros cursos de ESO quedan fuera de su ámbito, y en ningún caso responde de la responsabilidad civil del centro frente a las familias. Por eso el programa del centro contrata aparte el seguro de accidentes del alumnado y la responsabilidad civil del titular, y revisa sus capitales por separado.
Un alumno nuestro causa un daño durante sus prácticas en una empresa. ¿Quién responde?
El Código Civil sitúa la responsabilidad en el titular del centro mientras el alumnado permanece bajo el control de su profesorado, y el convenio de colaboración reparte el resto entre las partes. En la práctica la reclamación llega a las dos a la vez y se resuelve leyendo qué póliza nombra la formación en centros de trabajo. Dejarlo comprobado en el momento de firmar el convenio es lo que ahorra esa discusión.
