La caja no se detiene con la producción
La pérdida de beneficios paga nóminas, alquileres y financiación mientras no se factura. Es la diferencia entre una parada dura y un cierre definitivo.

En el mundo empresarial, los imprevistos pueden surgir en cualquier momento, trascendiendo las fronteras sectoriales. En este contexto, la necesidad de protegerse ante estos riesgos se vuelve crucial.
El seguro de daños materiales cubre los activos físicos de la empresa —edificio, maquinaria, existencias e instalaciones— frente a incendio, agua, robo, fenómenos atmosféricos y avería. Su complemento imprescindible es la pérdida de beneficios, que indemniza el margen que la empresa deja de ganar mientras no puede producir. Sin esa segunda cobertura, una empresa puede reconstruir su nave y aun así cerrar por falta de caja durante los meses de parada.
La pérdida de beneficios paga nóminas, alquileres y financiación mientras no se factura. Es la diferencia entre una parada dura y un cierre definitivo.
La indemnización a valor de reposición a nuevo evita tener que financiar la diferencia con deuda cara justo cuando el banco te ve como riesgo elevado.
Rociadores, detección y sectorización se traducen en rebaja de prima año tras año. La inversión en seguridad se amortiza también por esta vía.
Entidades financieras y arrendadores exigen acreditar cobertura suficiente sobre los activos afectos. Un programa bien dimensionado desbloquea operaciones de inversión.
Plantas con maquinaria crítica cuya reposición tiene plazos de entrega largos y sin alternativa inmediata.
Naves con alta concentración de valor en existencias y variación estacional del stock.
Redes con múltiples ubicaciones donde el riesgo está disperso pero la continuidad depende del centro logístico.
Sociedades patrimoniales y arrendadores que responden del continente y de la pérdida de rentas.
La experiencia de nuestros especialistas convierte cada riesgo en conocimiento, y cada conocimiento en una solución pensada para vuestra empresa.
Cada empresa presenta una realidad única. Analizamos los riesgos específicos de cada empresa para detectar vulnerabilidades, evaluar las medidas de seguridad y proponer mejoras que refuercen la protección de su negocio.
Todos nuestros programas están diseñados para integrar todas las coberturas necesarias y aportar tranquilidad a las empresas que confían en nosotros.
Seleccionamos cuidadosamente las compañías y diseñamos programas de seguro exclusivos, adaptados a las particularidades de cada empresa, con un enfoque plenamente tailor-made.
Los siniestros son el momento más vulnerable de un negocio. Por eso es muy importante contar con personas especializadas que acompañen durante todo el trámite.
Seis generaciones y más de 130 años dedicados al seguro.
Si aseguras por menos del valor real, el asegurador indemniza en la misma proporción. Con una nave que vale 2 M€ asegurada en 1 M€, un siniestro de 400.000 € se indemniza con 200.000 €. Es el motivo por el que revisamos capitales en cada renovación.
Se parte del margen bruto anual (ventas menos gastos variables) y se fija un periodo de indemnización que debe cubrir el tiempo real hasta recuperar el nivel de actividad previo, no solo hasta reconstruir. En industria con maquinaria de importación, doce o dieciocho meses suele ser lo prudente.
En riesgos por encima del millón de euros, casi siempre. Una valoración pericial acordada con el asegurador elimina la discusión sobre infraseguro el día del siniestro, que es cuando la empresa tiene menos capacidad de negociar.
El Consorcio de Compensación de Seguros indemniza los riesgos extraordinarios —inundación extraordinaria, terremoto, terrorismo— siempre que exista póliza en vigor y se haya pagado el recargo. El resto de causas las cubre tu asegurador. Coordinamos ambos expedientes para evitar que se remitan mutuamente.
Se puede pactar valor de reposición a nuevo, que es lo recomendable para maquinaria y edificación. Sin ese pacto se indemniza a valor real, descontando depreciación, y la empresa tiene que poner de su bolsillo la diferencia para reponer.
Se contrata una cláusula de variación de existencias o un margen automático sobre el capital medio. Es una modificación barata que evita el infraseguro justo en el momento de máxima exposición.
Doce meses es el estándar del mercado y una decisión que rara vez se revisa. En muchas industrias no alcanza ni para reponer la máquina crítica.
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