Casi todas las conversaciones sobre franquicias empiezan mal, porque empiezan por la prima. La forma útil de plantearlas es al revés: qué pérdida puede absorber la empresa sin que le afecte, y qué está dispuesta a pagar por no absorber el resto.
Separa frecuencia de severidad
Los daños frecuentes y pequeños son un coste operativo previsible: se pueden presupuestar. Los daños raros y grandes son los que pueden comprometer la empresa: son los que hay que transferir. Un programa bien construido retiene lo primero y asegura lo segundo, porque pagar prima por lo previsible significa pagar además los gastos de gestión del asegurador sobre algo cuyo importe ya conocías.
Los números que hay que poner sobre la mesa
El histórico de siniestros de los últimos cinco años, ordenado por importe. Con él se calcula cuántos siniestros al año quedarían por debajo de cada nivel de franquicia y cuánto sumarían. Ese importe, comparado con el ahorro de prima que ofrece el asegurador para ese nivel, da la respuesta. Si el ahorro no supera con holgura la retención esperada, subir la franquicia es simplemente asumir riesgo sin contrapartida.
El límite lo pone la tesorería, no el ahorro
Aunque los números salgan, la franquicia no puede superar lo que la empresa puede pagar sin recurrir a financiación en el peor año imaginable, no en el año medio. Aquí es donde una franquicia agregada anual protege: se retiene un importe por siniestro, pero con un tope acumulado en el ejercicio, de modo que una mala racha no se convierte en un problema de caja.
Las modalidades que conviene conocer
Franquicia simple, que se descuenta siempre. Franquicia condicionada, que desaparece si el daño supera cierto umbral. Franquicia temporal, habitual en pérdida de beneficios, expresada en días de parada y no en euros. Y franquicia por evento frente a franquicia por siniestro, distinción decisiva cuando un mismo suceso, una tormenta por ejemplo, produce daños en varias ubicaciones a la vez.
Mide el coste total del riesgo, no la prima
La cifra que hay que seguir año a año es la suma de prima, siniestros retenidos, coste de las medidas de prevención y coste administrativo de gestionarlo. Es la única forma de saber si una renovación ha ido bien de verdad. Una bajada de prima acompañada de una subida mayor en siniestros retenidos es una mala renovación presentada como buena.



