Cuando una empresa nos pide comparar pólizas de salud, la primera conversación no es sobre precio. Es sobre dónde vive realmente la plantilla, porque de eso depende que el beneficio se perciba como tal o acabe siendo una fuente de quejas.

Las tres modalidades, sin adornos

Cuadro médico: se accede a una red concertada sin coste por acto o con un copago pequeño. Reembolso: se elige libremente al profesional y la aseguradora devuelve un porcentaje, habitualmente entre el 80% y el 90%, con un límite anual. Mixta: cuadro médico como base y reembolso disponible cuando se quiere salir de la red. La mixta es la que mejor funciona en plantillas heterogéneas, y la diferencia de prima frente al cuadro puro es menor de lo que se supone.

La variable que decide: el mapa de la plantilla

Un cuadro médico excelente en Barcelona y Madrid puede ser pobre en una provincia donde tienes la fábrica. Antes de comparar precios hay que cruzar el domicilio real de los empleados con la red de cada aseguradora en esas localidades, mirando especialmente pediatría, ginecología, traumatología y las urgencias hospitalarias más cercanas. Es un trabajo de una tarde que evita dos años de descontento.

Carencias y preexistencias en colectivo

Aquí está la ventaja real de contratar por empresa. A partir de determinado número de asegurados, es habitual negociar la supresión de carencias y la aceptación de preexistencias sin cuestionario individual, algo inalcanzable contratando a título particular. Es la palanca que hay que pedir expresamente en la negociación, porque no viene de serie.

Qué pasa cuando alguien deja la empresa

Conviene pactar de antemano la continuidad individual: el empleado que se va puede mantener la póliza a título personal conservando antigüedad y sin nuevas carencias. Cuesta poco de negociar al inicio, es imposible de conseguir después, y es de las cosas que más se agradecen en una salida o una jubilación.

Las cláusulas que deciden el resultado

Tres puntos concretos: el límite anual de reembolso y si se aplica por proceso o por año; la cobertura dental real, que suele ser de servicios básicos y no de tratamientos; y las terapias y pruebas de alta tecnología, donde las diferencias entre compañías son grandes. Estos tres explican la mayoría de las reclamaciones internas del primer año.

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